martes, 25 de junio de 2024

La lista de deseos


Un macaón en la viborera, un gato negro sin cola, castrado, marcado en la oreja

Escucha los latidos del corazón, Zakarías, le llaman

Pero no es a él a quien buscaba,  no dejan de salir mujeres de su cueva

La luna se fue de fiesta, maquillada de plata, engalanada de rojo, desangrada

Haciéndose la muerta , no hay hogueras en la playa. 

En tres días. no la ví, 

ni en sueños.

Se levantó temprano el levante por la mañana, veinte nudos atados a la 

misma distancia subiendo por la escalera.

Hoy no vienen, ni ayer, ni mañana vendrán para realizar el conjuro que devuelva 

todo a su lugar y a mí, a mi sitio.

En un fuego hueco de arena

Los deseos arden.


jueves, 20 de junio de 2024

El pez

De vuelta al rio

Al oscuro olvido

Del para siempre

A lo de menos

Al deseo en bucle

De calles desiertas

En las altas horas

De luna roja

Y lluvia imprevista

Suelto el anzuelo 

Y la boca rota

De un horizonte desconocido

Henchido de amor.




 

sábado, 15 de junio de 2024

La cajita de música

Hay mujeres y un perro

Alredededor del vestido rasgado

Seguro hay pájaros trinando 

Sus propios nombres

Bajo el bosquecillo 

Del tapiz

La tapa no cierra


El eje 

No gira 

Sin bailarina

Pero

Si le das cuerda suena

Una historia de amor

En la cajita de música.

jueves, 13 de junio de 2024

14 borradores

Atascada en la eterna

Búsqueda de sentido,  no hay nada de aquello que te iba a decir

Porque no te importa

Haré un batiburrillo, un gurruño, una pelota de palabras, un cádaver exquisito conmigo misma, para resumirlo 

en un único borrador dadaista y absurdo

de mi vida

En este espacio no existo, pero tú tampoco

Consciente diluida y  cubierta de polvo

Descubierta 

Retenida

Tras la muralla y el arco

de catorce un borrador menos.







domingo, 9 de junio de 2024

El aldabón

Sólo quería echarse una buena siesta, apenas podía recordar con quien pasó la noche anterior y sin dormir fue a bucear para que no lo pillaran en casa. Unos y otros habían estado buscándole durante la semana para solucionar cualquier problema que hubiera en el barrio, tan dispuesto a ayudar que cuando lo necesitaban de verdad, nunca estaba y siempre le andaban molestando. Bucear era lo mismo que desaparecer de este mundo,  sumergido en el silencio azul se olvidaba de todo, pero se estaba hartando de tener que escapar al fondo del mar para que lo dejaran en paz. 

 Volvía a casa con la perra, contenta de estar por fin a su lado, después de esperar durante horas en la orilla, para verlo resurgir de pronto, con el orgullo resbalándole desde la cabeza a los pies, cargado de pescado y un pulpo enrollado en el brazo. Encendió el fuego para asar el enorme lenguado, metió vivo al pulpo en el congelador. Comió la mitad del pescado y puso la otra mitad en el plato de la perra que tumbada en el pasillo miraba fijamente la puerta, aguardando pacientemente su turno.

La puerta de la casa subiendo la cuesta tras la muralla, no tenía timbre pero sí un aldabón con forma de lagarto enroscado sobre sí mismo, que parecía mirar directamente con ojos brillantes y saltones a quien lo tocara, encontrado en un derribo, parecía muy antiguo. Le encantaba encontrar tesoros perdidos u olvidados, dejados atrás como si no importaran nada. Junto a él volvían a recuperar su lustre, su brillo, su justo valor. El sonido del hierro al golpearlo retumbaba en toda la casa.

Así que conectó el llamador a unos cables, neutro para el lagarto, fase a la placa de metal atornillada a la puerta, en el extremo de los cables puso un enchufe listo para usar si alguien tuviese la mala idea de darle por culo. Algo que estaba deseando que ocurriera porque en el momento en que el lagarto posara el vientre en la placa de metal harian contacto y una descarga de 220 woltios le recibiría para darle su particular bienvenida.

Subió las escaleras con la perra pisándole los talones, cerró la ventana y bajó la persiana. Los dos reventados perra y amo se tumbaron en la cama.


Cuando dormía su mente era una cámara insonorizada, si hubiera estado dormido nada hubiera podido despertarle, pero en el mismo momento en el que el sueño le abrazaba, llamaron a la puerta y el estruendo le espabiló.

No iba a a levantarse, estaba agotado. Ya se cansaría quien fuese de llamar.

Cerró los ojos e intentó dormir pero era imposible, una y otra vez golpeaban el aldabón. Cuando parecía que paraba por fin, comenzaba de nuevo, como un terremoto. Se estaba cabreando de verdad.

La sangre bullía en su cabeza y el calor le abrasaba el pecho, conocía bien ese estado, la rabia se le desbordaba y la ira incontenible hacían que sintiera miedo de sí mismo. Se tapó los oidos con la almohada.

La perra ladraba nerviosa, saĺía y entraba de la habitación, subía y bajaba de la cama y no paraban de llamar.

Bueno ya está bien, pensó. Lanzó la almohada contra la pared, de un salto se levantó furioso, bajó las escaleras apretando los dientes y los puños. Lo que de verdad le apetecía era abrir la puerta y romperle los brazos, las manos y la puta cara a quien quiera que fuese, así aprendería la gente a no insistir, en cambio  enchufó el cable del aldabón y volvió a la cama.

Durmió de un tirón hasta el día siguiente. Cuando despertó abrió la ventana. Por las rendijas de la persiana se colaba la suave brisa y el rumor del mar, deseándole los buenos días.

Bajó a desayunar a la cocina. Mientras hervía el agua para el té se dio una ducha fría para quitarse de encima el sueño y el calor del cuerpo, todavía le quedaba algo de pescado para comer, por la tarde iría a bañarse a su cala favorita.

Cuando el té estuvo listo, cogío un vaso y la tetera cargada de hierbaluisa y azúcar y fue a sentarse bajo la higuera junto a la puerta de su casa para tomarlo tranquilamente y liar los porros que fumaría durante el día. 

De pronto recordó que no había desenchufado de la corriente el cable conectado al aldabón.

Así que antes de abrir tiró del enchufe y salió a la calle, la perra disparada dirección al arco de la entrada de la medina fue a inspeccionar lo que se cocía en el zoco y dar su vuelta de rutina.

La higuera despedía un olor dulzón y embriagador. Le dió un buen sorbo al té, apartó los higos que se desparramaban sobre la mesa y pondría a secar más tarde y empezó a liar canutos. Sentado en la mesa de madera con la puerta abierta de par en par, bajo la sombra perfumada de la honorable higuera mirando hacia la muralla, era como decir, ahora podéis venir, este es el momento idóneo si alguien quiere  hablar conmigo y su vecino de enfrente lo sabía. Viejo amigo de un tio  paterno, con fama merecida de chivato y cotilla nunca se había metido en sus cosas, lo conocía desde niño, le había enseñado a escribir con la diestra atándole la siniestra, ya que mostraría claramente a los demás lo que era en realidad, un demonio. Lo respetaba. Caminaba con las manos cogidas a la espalda con aire meditabundo por el callejón. Su semblante serio y preocupado bajo el gorro de lana que siempre llevaba hiciera frío o calor, presagiaba malas noticias. Se acercó a él y acariciándose la barba, le preguntó:

 - Dónde estuviste ayer en todo el día?.

Sin levantar la vista respondió que había estado en el mar toda la mañana, después estuvo durmiendo y que acababa de despertar.

- Es que me necesitaste para algo?. preguntó mientras colocaba el porro perfecto, recién hecho, alineado junto a los demás en la cajita de caoba.

Entonces el vecino alargó el brazo, cogió un higo que acababa de estamparse sobre la mesa para mostrarles la pulpa de un rojo intenso, se lo comió de un solo bocado sin dejar de mirarle a los ojos como cuando escrutaba el mar en busca de  esos malvados tirubones que se acercaban a la orilla de vez en cuando y de los que había que tener cuidado si salías a pescar, y se sentó a su lado para contarle en voz baja de lo que había sido testigo desde su balcón el día anterior. 

- Sobre las tres de la tarde, la policía llamó a tu puerta, parecía que algo gordo pasara porque llegaban más coches de policía del que salían más agentes para sumarse al grupo que tan pronto se agolpaba en los escalones de la entrada, como se dispersaba y echaban a correr en todas direcciones y volvían a apostarse en tu puerta. Era todo muy extraño.

Esperaron durante horas a que la puerta se abriese o alguien apareciese; hasta que anocheció y finalmente se montaron en sus coches y se fueron. Estábamos todos muy preocupados, nos temíamos lo peor.

- Y qué querían? preguntó mientras escogía de entre todos los porros dispuestos, el que más le gustaba y lo encendía.

- Eran tantos policías que ni yo ni nadie se atrevió a preguntar para qué te buscaban!, ya sabes como se las gastan por aquí, pero me muero de la curiosidad.

Encogiéndose de hombros, trás el denso y espeso humo del hachís, sonreía.





 


domingo, 25 de febrero de 2024

Un monje budista

 

No pienses de noche

Con el respeto que merece un comino

Haz una candela con la esperanza

Que te dé claridad y descansa junto a tu sombra y

Tu perro que es tu alma gemela

Porque no hay nada que arreglar

Por la mañana agradece el agua fresca, el cielo rosa

En el cruce del camino vuélvete a encontrar

Medita bajo el árbol que sembraste

Ni delante ni detrás del ahora 

Con un mudra manda al carajo a Dios 

Y a todo aquel que no te desee lo mejor

Abandona el sufrimiento del sufrimiento del sufrimiento del sufrimiento 

De todas las vidas que arrastras

Como un monje budista.

miércoles, 14 de febrero de 2024

San Valentín

La luna boca arriba se deja hacer 

Venus le besa el ombligo para sellar un pacto

Le dice que es la cosa más bonita que hay

Sobre la tierra

más que las constelaciones

las estrellas fugaces

los anillos de saturno

y el sol.





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viernes, 20 de octubre de 2023

Las reglas del juego

Detrás de tanto silencio, 

Hay palabras agolpadas al final de

la garganta, pugnando por ser las primeras en salir

Por favor tened paciencia conmigo

El proceso ha sido duro

He tenido que armarme desde el principio

Rehidratar cada una de mis células

Purificar la sangre estancada de mi corazón

Hacerla circular por el entramado de mis venas

Nutrirme desde la médula para fortalecer todos mis huesos

Conectar de nuevo cada uno de mis músculos

Colocar una a una las capas de mi piel

Ya no soy la misma

En esta otra yo

Tú ya no cabes.

En realidad nunca lo hiciste

No tienes nada de lo que preocuparte 

Teníamos que aprender

Yo a amarme y tú a amar

Yo a dejar de dar a cambio de nada

Y tú a dejar de recibir sin dar nada a cambio

No volveré a tener pesadillas contigo

Tú soñarás alguna vez conmigo

Y quizás más adelante cuando ya no necesites 

La máscara que te pones para todos

La máscara que te pones contra tí

La máscara que no te ha servido para mí

Entiendas que en el juego de la vida

Hay que respetar las reglas del amor.





 

 

 



miércoles, 20 de septiembre de 2023

Asco

Asco

Que asco de palabra

El asco que me doy

El asco que me das

Qué es el asco?

Una emoción?

Cómo el amor?

Cómo la pena?

Cómo el odio? 

Cómo la alegría?

Qué carajo es el asco?

Me das asco

Me doy asco

El asco 

Con el asco

La garganta se me cierra

Y me libera

Te veo 

Y siento un asco que

No veas..

 

 


 

domingo, 30 de julio de 2023

Todo lo demás

Quería una casa junto al mar y su embarcadero, la barca, la caña de pescar

Un lugar favorito, una cueva, un huerto de coral

Un burro rebuznando por alegrias

Caminar cogidos de la mano

Tras  soles y lunas

Ni una lágrima más, ni una lágrima menos

La sal justa

Y todo lo demás.

 

Aquí y ahora quiero

Ni antes ni después

Para nunca y siempre

La verdad por delante

Apretando el paso

Que te vayas a la mierda

Y todo lo demás.


 

 

 

 

 




 

 




sábado, 1 de julio de 2023

La golondrina

Cayó de su nido en la cornisa de un edificio de más de diez pisos y

Sobrevivió.

Todavía con el gorro de cáscara de huevo me dió los

buenos días a las seis de la mañana, anunciando la suerte, el 

renacimiento, la vida. 

Muy buenos días, muy pocos días con ella, mi Kalimera.

Convencida de que cruzaría el estrecho y volvería a mí,

La llevé conmigo en la riñonera a todas partes,

La he alimentado todo el tiempo,

La he acariciado demasiado,

La he matado de amor.

Singapur?

Comes bien?

Bailas, cantas, follas?

Cuidas?

Desperdicias tu vida

Qué haces?

Tengo curiosidad


Paseo por Singapur

En otra frecuencia

donde no hay nadie

Nadie sabe quien soy.


 


 

 



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domingo, 21 de mayo de 2023

Amor de piedra

Que me despiertes a besos

Me hagas el amor engarzándome como a una joya por las mañanas

Que al buscarme, me encuentres en el jardín ensartando las palabras

Que nos dijimos antes de dormir para que no haya resquicio

De que soy para tí, lo que eres para mí y si no, nada en el agua

Las piedras en el lecho se quedan a oscuras y no osan desprenderse

Las lanzo a las olas, se mezclan, se separan y exclaman a voz de inmenso azul

Que no hay un lugar al que llegar, sin flores, ni estrellas

Para que nunca vayas, para que nunca vuelvas

Porque con todo tu amor () he levantado en 

Mi 

Orilla 

Un muro de piedras.

 



viernes, 2 de diciembre de 2022

La cita

Hace poco en una noche lluviosa, tuve una cita con alguien que duró el resumen 

de su matrimonio, su experiencia como padre de sus dos hijos lustrosos y lo que 

tardo en beberme un botellín de cerveza de veinte centilitros.

Perdí el conocimiento y me di una buena hostia en la cabeza contra el suelo 

adoquinado. 

Mientras estuve inconsciente soñaba placidamente y feliz como una cerdita en un 

charco,  pero ese alguien me despertó y me levantó del suelo mojado.

Un cuerno en mi sien derecha conservo como recuerdo.

Creí que era evidente mi reticencia pero volvió a llamar.

Le dije que tenía que resguardarme de la lluvia intermitente.

Lo entendió perfectamente.




 


sábado, 24 de septiembre de 2022

Los pies en el suelo

Cruzarás el puente del molino

Mirarás al agua y reflejada

Me verás descalza

Volverás

Llegarás tranquilo, como si nada

- A dónde fuiste?

- Disculpa por la tardanza.

 

Mis pies vuelven sobre si mismos a la orillita del rio

En la Aceña

Dos gitanos tocan la guitarra

Dicen que a ese...

Hay que ir en busca de él!

Y cantando se van a encontrarlo.


El agua murmura

El viento murmura

Murmuran las hojas

No se puede uno fiar de nadie

Por qué habría que hacerlo?

Cada uno consigo mismo

Hay ballenas de millones de años

Tras la pared de albero.

 

Algo no funciona bien

Las rodillas, el corazón  

El reloj que no tengo

Demasiados números saltando y bailando

Alrededor

Riendo con Doña Realidad

Porque no se me dan bien los números.


Un avión cruza el cielo

Con rumbo equivocado

Despegando del agua

alzan el vuelo

Los patos

 

Si cruzas la aceña de día

Negros, tristes y cansados

Salen del río

Si la cruzas por la noche

Bañados en luna blanca

en el medio del camino

Volando vuelven al agua.

 

Con las piernas estiradas en un banco

Escribo sobre mis rodillas

Sin zapatos en los pies.

 

En la quinta abandonada de las monjas

Un atento gato negro maulla y me mira 

Mientras te veo.

 

En el atardecer descomunal de la ermita 

Zambullida en el viento, la espalda en el palco

Mis pies apuntan a las bandadas de cotorras que planean 

Por encima de las palmeras de San Francisco

Listos para disparar.

 

En mitad de la noche

Borro fotografías

Tu voz enredada en mi pelo 

Tiñe con khöl

Palabras bajo mi piel.

 

Tu pelo se ha enredado en mi voz

Ciemmilpiés escapan en todas las direcciones

Por la mañana.






 




 




lunes, 15 de agosto de 2022

La burbuja

 

De luna plena

Inundada de vía láctea condensada

Desagua amor, vida, muerte

Se boza en el mar.



Atrapada en un conducto 

Sube lenta, informe

Pesada, torpe baja

Avanza, explota, flota

De aire, agua o sangre

Apenas llena 

No sabe a ciencia cierta

Se expande, se derrama

Incómoda, sensata se rebela.

 

De molécula, átomo a neutrino

En todas y en ninguna parte

De mi misma.



 



 


martes, 21 de junio de 2022

Tiempo

 


 Atesoro todo lo que me has enseñado y el tiempo que viví

contigo.

Nadie me ha querido nunca como me has querido tú.

Tu amor de padre era real y auténtico,  tan real y auténtico como 

el que deben sentir los padres por los hijos a los que crian, educan y aman 

durante toda su vida. 

Sentía por tí el mismo amor que debían sentir las hijas por sus padres,

jamás he querido tanto a nadie como te he querido a tí. 

Con 10 u 11 años le pregunté a mi madre de sopetón y muy en serio si eras 

realmente mi padre, porque no podía explicarme el que no estuvieras a mi lado.

Me contestó:  - Niña, deja ya de decir tonterias.

Quizás pensó que era lo mejor, acostumbrada a mentir y a 

desconfiar, demasiados juicios y prejuicios de otra época, que a mí ni me 

incumbían, ni me importaban en absoluto. Todavía no conocía realmente a mi 

madre y la creí. Pasó de mí, y de lo que tanto me angustiaba en ese momento, 

como siempre ha hecho. Tampoco me conocía ella a mí. 

Mentirme era lo mejor para ella, porque así podía echarte la culpa de todo.

A partir de ahí estuve enfadada contigo, si venias, si te ibas, no te

soportaba. Nunca volví a demostrarte lo que te quería, y cada vez me

alejaba más de tí.

Hacía muchos años que no nos tratábamos, ya no te dejaba ejercer de padre.

Existía un abismo silencioso e insalvable entre nosotros.

Estuve mucho tiempo enfadada contigo y con la vida, antes de que te alejaras para

siempre. 

Hacía 5 años que no te veía, tus padres, mis abuelos, habian muerto, y

por mi madre supe que habías vendido tu ático en Valencia y te habías comprado

un barco. A saber en qué lugar del mundo estarías.

Yo había estado muy ocupada, luchando con todas mis fuerzas para salir del 

agujero. Me encontraba conmigo misma. Tenía 29 años.

Empecé a echarte de menos, a preocuparme.

Quería saber si estabas bien. 

Quería que conocieras a la persona en la que me había convertido.

Quería que te sintieras orgulloso de mí.

Que aparecieras como siempre hacías, Le pregunté a mis hermanos si mamá sabría algo de tí.

Y mi hermano que tampoco tuvo padre, ni te  quiso, (mi madre se encargó muy 

bien de ello), me contó la verdad:

- ¿Qué más te da dónde esté, ni lo que le pase, si ni es tu padre ni es ná?.

En ese preciso instante ví con claridad quien eras.

En ese preciso instante ví quien era mi madre.

Lo bueno, siguió siendo bueno y lo malo, trascendió, porque comprendí todo lo 

que había pasado.

Empecé a buscarte de verdad.

La mujer policía, molesta e indignada me dijo, que tenía que respetar la ley 

de protección de datos, porque tenías derecho a no ser encontrado, que quizás no 

querías volverme a ver.

¿Por qué no me podía decir la policía dónde estabas? eras mi padre, aunque no lo

fueras, me habías reconocido como hija tuya.

¿Qué mierdas sabía ella?, ¿qué  mierdas sabía nadie?.

Yo sabía, pero ella  me hablaba con la seguridad y el peso de la autoridad y de la

ley. Con la certeza de que yo era una pobre joven pobre, sin padre, que solo

buscaba causarle problemas a un pobre hombre pobre que lo único que quería 

era que lo dejaran vivir en paz, sin hijos alrededor reclamándole todo.

Jamás te había pedido nada, y sólo quería verte, pero salí por la puerta de la 

comisaría muerta de vergǘenza, dejando atrás a esa mujer de rostro 

irreconocible pero odioso que nunca supo lo que la odié, ni sabrá nunca que la

sigo odiando, y seguí adelante con la vida que me estaba tocando vivir y me 

pasaba por encima, confiando en que algún día me devolvería lo que me debía.

Nuestro reencuentro era por justicia,  me correspondía por derecho, con total 

libertad de decisión, con conocimiento de causa y ausencia de reproches, 

sin necesidad de compartir la misma sangre.

Nos recuperariámos el uno al otro. Y al final saldriámos ganando.

Era lo que más deseaba en el mundo y estaba segura de que se me concedería.


Saldríamos juntos a navegar para reconocernos.

Tú, el capitán, mi padre, por siempre.

Yo, el timonel, tu hija, de una vez por todas.

Y el día en que la policía llamó a la puerta para informar de que habías muerto de 

un ataque al corazón fulminante a los sesenta y tres años, me dijeron donde 

encontrarte por fin.

Fui a arreglar las cosas para enterrarte, me negué a verte para no tener que 

recodarte sin vida, en la camilla del frigorífico del depósito de cadáveres. 

Incrédula, me aseguraron que eras tú.

Todavía hoy puedo recordarte mirándome con esos ojos tristes y preocupados,

pero vivos.

Tu minúsculo velero  estaba atracado en un puerto no muy lejos de aquí,

atascado entre mastodónticos yates de lujo.

En el interior del Errante, en tu hogar, me puse tu camisa y tus calcetines, me 

bebí tu vino, me comí tu comida, me fumé el tabaco de tu pipa, rebusqué entre tus 

cosas, leí todos los papeles que encontré y los ordené cronologicamente, 

incidentes, informes médicos, visitas al hospital, tratamientos, recetas, recibos 

y facturas de todo lo que comprabas, cartas y postales que recibías de amigos, el

proyecto que estabas iniciando, los planes que tenías para el futuro.

Pude hacerme una idea sesgada y limitada pero clara de lo que era tu vida y de lo

que querías que fuese.

Yo no tenía ni idea de quien eras tú, tú no podías saber quien era yo.

Y aún así era increíble lo mucho que nos pareciámos.

Esa noche te dije todo lo que te tenía que decir, lo enfadada que estaba contigo,

lo mucho que te necesité, lo mucho que sabía me necesitabas.

Lloré dentro de tu saco de dormir, mecida por la voz fría, oscura y cruel del 

mar chocando contra el casco, que no dejaba de repetirme que habías muerto 

solo, herido y creyendo que no te quería, hasta que me dormí tapada con tu 

olor.

Al resguardo, intactos, guardo tus recuerdos y una camisa, un par de calcetines, 

tu pipa, tu navaja, un sombrero de paja, una funda con cds, tu cartera de piel con

tu carnet de identidad y el de patrón de barco.

Renuncié pura y simplemente al barco y a la herencia de tu testamento, 

porque solo contigo, sabiendo quien eras tú,

y tú sabiendo quien era yo, me hubiera conformado.

No fui suficientemente lista, ni rápida,

tenía que haber sido más insistente, menos ingenua. 


Antes de abandonar el Errante  y poner los pies en la tierra, encima del escritorio del 

puesto de mando, escrita a mano con tu bonita y familiar letra en un trozo de 

papel cuadriculado, vi una pequeña lista que decía:

- Madera 

- Pan 

- Café 

- Atún

- Discos

- Limpiar casco 

- Verificar vela 

- Cambio de aceite

- Tiempo ...

 

 

 

 

 


 



domingo, 29 de mayo de 2022

A la vuelta de la esquina

Reconocerás los rostros 

Desconocidos

Que te cruzas

Andando con prisas 

Por la calle.


En los mismos lugares

Indefinidos y confusos

A donde te llevan

Por casualidad

Los sueños.

 

Poemas secuenciales

A cámara lenta

Rescatados, restaurados, inconclusos 

Proyecciones mentales 

Contrastadas que no encajan

En ninguna parte.

 

Rastros de mentiras que no recuerdas

Adheridos, impresos, vacíos

Pintados de blanco, a brocha gorda

En el desmoronado muro.

 

Mantenga una distancia prudencial

Por delante y por detrás

Con la verdades

Antes de salir 

Sin orden

Con calma

En la hora buena.

 

Encontrarás la voluntad

Recuperarás el equilibrio

Te toparás con la alegría

Como otras veces

A la vuelta de la esquina.


 

 

 





 



 

 

 




 


 

 


 



 

 






viernes, 17 de diciembre de 2021

Voy a encender la estufa

Vagas en mi cabeza desde por la mañana,

 Y te voy a escribir un poema,

Porque parece,

Que ya no supiera, 

Que ya no pudiera.

 

El viento planea por el río salpicado de molinos,

Adónde le lleva el agua,

Junto a piñas caídas, cortezas de encina,

Varetas de almendro, troncos de olivo, 

Y la negra garza. 

 

El agua del río no es verde, ni azul,

Envenena a los peces, y al Martín pescador,

Donde habitó la nutria que murió en la orilla.

(Tuvieron que hacerle la autopsia al cadáver). 

 

A ese mundo al que tú me llevas,

No quiero volver,

No sé ya, ni me importa, 

Quién cerró la puerta a quién.

 

Y ahora;

Con una piña caída, una corteza de encina,

Una vareta de almendro, un tronco de olivo,

Y este papel escrito, arrugado y sucio,

Voy a encender la estufa.


lunes, 20 de septiembre de 2021

Perder

Otra vez he olvidado la cafetera en el fuego,

Se ha evaporado el agua,

Se ha quemado la goma,

Se ha echado a perder el café.

Muertas y renacido,

Mientras tanto,

Las violetas. 

 

Cuatro años de un intenso sufrimiento,

Al ganso se le despluma,

Para hacer una chaqueta.

Atada de pies y manos,

Me han torturado con plumas,

Para no morir de risa,

He perdido las cosquillas.

 

Espero nunca quedar embarazada,

Pero si me quedara,

Lo amaría y lo cuidaría,

Como a cualquier otro animal.

Porque yo no sé,

Para qué he venido aquí,

Pero ellos sí. 

 

Con mi lista de errores 

He parido un poema.

Joder qué alegría,

Cuando me baja la regla.


 

Me resbalan entre las piernas,

La luz, el ruído y la cenizas 

De esta noche.

Lo hemos pasado bien,

Bailando hasta el amanecer.

Hay gente que no te va a querer,

Lo sé.

Mi jardín es muy pequeño,

Pero así, para mí, es perfecto.

 

Con el tiempo perdido,

Me he sacudido las pulgas.

Aunque pierda el hilo,

Y la vida sea una mierda,

Hay que vivirla.

Como soy jardinera,

Sé que la mierda es buena.

 

Para ganar, primero hay que saber perder.

A veces ni se pierde, ni se gana.

Lo que no se conoce no se puede querer.

Te mereces un premio,

Al lector número cincomil.

Date con un canto en los dientes,

Con el antes y el después.

 

Búscalo por las hendiduras,

Seguro se ha escurrido por los entresijos del sofá,

Donde se acumulan,

Un montón de borradores, la noradrenalina,

Todo lo que me falta y el dolor que me sobra.

 

En esa otra dimensión,

A donde va, lo que no ha podido ser,

Y lo que nunca se ha tenido.

Para tí,

Tú ganas.