Todo mentira salvo la moraleja
Que más mal que bien
La luz siempre alumbra
Para que dejen de importar
Los putos rollos del personaje
Maravilloso que inventas
Si fueras capaz, si fueras
Algún día
Me olvidarás
Fin.
Todo mentira salvo la moraleja
Que más mal que bien
La luz siempre alumbra
Para que dejen de importar
Los putos rollos del personaje
Maravilloso que inventas
Si fueras capaz, si fueras
Algún día
Me olvidarás
Fin.
Un macaón en la viborera, un gato negro sin cola, castrado, marcado en la oreja
Escucha los latidos
del corazón, Zakarías, le llaman
Pero no es a él a quien buscaba, no dejan de salir mujeres de su cueva
La luna se fue de fiesta, maquillada de plata, engalanada de rojo, desangrada
Haciéndose la muerta , no hay hogueras en la playa.
En tres días. no la ví,
ni en sueños.
Se levantó temprano el levante por la mañana, veinte nudos atados a la
misma distancia subiendo por la escalera.
Hoy no vienen, ni ayer, ni mañana vendrán para realizar el conjuro que devuelva
todo a su lugar y a mí, a mi sitio.
En un fuego hueco de arena
Los deseos arden.
De vuelta al rio
Al oscuro olvido
Del para siempre
A lo de menos
Al deseo en bucle
De calles desiertas
En las altas horas
De luna roja
Y lluvia imprevista
Suelto el anzuelo
Y la boca rota
De un horizonte desconocido
Henchido de amor.
Alredededor del vestido rasgado
Seguro hay pájaros trinando
Sus propios nombres
Bajo el bosquecillo
Del tapiz
La tapa no cierra
El eje
No gira
Sin bailarina
Pero
Si le das cuerda suena
Una historia de amor
En la cajita de música.
Atascada en la eterna
Búsqueda de sentido, no hay nada de aquello que te iba a decir
Porque no te importa
Haré un batiburrillo, un gurruño, una pelota de palabras, un cádaver exquisito conmigo misma, para resumirlo
en un único borrador dadaista y absurdo
de mi vida
En este espacio no existo, pero tú tampoco
Consciente diluida y cubierta de polvo
Descubierta
Retenida
Tras la muralla y el arco
de catorce un borrador menos.
Sólo quería echarse una buena siesta, apenas podía recordar con quien pasó la noche anterior y sin dormir fue a bucear para que no lo pillaran en casa. Unos y otros habían estado buscándole durante la semana para solucionar cualquier problema que hubiera en el barrio, tan dispuesto a ayudar que cuando lo necesitaban de verdad, nunca estaba y siempre le andaban molestando. Bucear era lo mismo que desaparecer de este mundo, sumergido en el silencio azul se olvidaba de todo, pero se estaba hartando de tener que escapar al fondo del mar para que lo dejaran en paz.
Volvía a casa con la perra, contenta de estar por fin a su lado, después de esperar durante horas en la orilla, para verlo resurgir de pronto, con el orgullo resbalándole desde la cabeza a los pies, cargado de pescado y un pulpo enrollado en el brazo. Encendió el fuego para asar el enorme lenguado, metió vivo al pulpo en el congelador. Comió la mitad del pescado y puso la otra mitad en el plato de la perra que tumbada en el pasillo miraba fijamente la puerta, aguardando pacientemente su turno.
La puerta de la casa subiendo la cuesta tras la muralla, no tenía timbre pero sí un aldabón con forma de lagarto enroscado sobre sí mismo, que parecía mirar directamente con ojos brillantes y saltones a quien lo tocara, encontrado en un derribo, parecía muy antiguo. Le encantaba encontrar tesoros perdidos u olvidados, dejados atrás como si no importaran nada. Junto a él volvían a recuperar su lustre, su brillo, su justo valor. El sonido del hierro al golpearlo retumbaba en toda la casa.
Así que conectó el llamador a unos cables, neutro para el lagarto, fase a la placa de metal atornillada a la puerta, en el extremo de los cables puso un enchufe listo para usar si alguien tuviese la mala idea de darle por culo. Algo que estaba deseando que ocurriera porque en el momento en que el lagarto posara el vientre en la placa de metal harian contacto y una descarga de 220 woltios le recibiría para darle su particular bienvenida.
Subió las escaleras con la perra pisándole los talones, cerró la ventana y bajó la persiana. Los dos reventados perra y amo se tumbaron en la cama.
Cuando dormía su mente era una cámara insonorizada, si hubiera estado dormido nada hubiera podido despertarle, pero en el mismo momento en el que el sueño le abrazaba, llamaron a la puerta y el estruendo le espabiló.
No iba a a levantarse, estaba agotado. Ya se cansaría quien fuese de llamar.
Cerró los ojos e intentó dormir pero era imposible, una y otra vez golpeaban el aldabón. Cuando parecía que paraba por fin, comenzaba de nuevo, como un terremoto. Se estaba cabreando de verdad.
La sangre bullía en su cabeza y el calor le abrasaba el pecho, conocía bien ese estado, la rabia se le desbordaba y la ira incontenible hacían que sintiera miedo de sí mismo. Se tapó los oidos con la almohada.
La perra ladraba nerviosa, saĺía y entraba de la habitación, subía y bajaba de la cama y no paraban de llamar.
Bueno ya está bien, pensó. Lanzó la almohada contra la pared, de un salto se levantó furioso, bajó las escaleras apretando los dientes y los puños. Lo que de verdad le apetecía era abrir la puerta y romperle los brazos, las manos y la puta cara a quien quiera que fuese, así aprendería la gente a no insistir, en cambio enchufó el cable del aldabón y volvió a la cama.
Durmió de un tirón hasta el día siguiente. Cuando despertó abrió la ventana. Por las rendijas de la persiana se colaba la suave brisa y el rumor del mar, deseándole los buenos días.
Bajó a desayunar a la cocina. Mientras hervía el agua para el té se dio una ducha fría para quitarse de encima el sueño y el calor del cuerpo, todavía le quedaba algo de pescado para comer, por la tarde iría a bañarse a su cala favorita.
Cuando el té estuvo listo, cogío un vaso y la tetera cargada de hierbaluisa y azúcar y fue a sentarse bajo la higuera junto a la puerta de su casa para tomarlo tranquilamente y liar los porros que fumaría durante el día.
De pronto recordó que no había desenchufado de la corriente el cable conectado al aldabón.
Así que antes de abrir tiró del enchufe y salió a la calle, la perra disparada dirección al arco de la entrada de la medina fue a inspeccionar lo que se cocía en el zoco y dar su vuelta de rutina.
La higuera despedía un olor dulzón y embriagador. Le dió un buen sorbo al té, apartó los higos que se desparramaban sobre la mesa y pondría a secar más tarde y empezó a liar canutos. Sentado en la mesa de madera con la puerta abierta de par en par, bajo la sombra perfumada de la honorable higuera mirando hacia la muralla, era como decir, ahora podéis venir, este es el momento idóneo si alguien quiere hablar conmigo y su vecino de enfrente lo sabía. Viejo amigo de un tio paterno, con fama merecida de chivato y cotilla nunca se había metido en sus cosas, lo conocía desde niño, le había enseñado a escribir con la diestra atándole la siniestra, ya que mostraría claramente a los demás lo que era en realidad, un demonio. Lo respetaba. Caminaba con las manos cogidas a la espalda con aire meditabundo por el callejón. Su semblante serio y preocupado bajo el gorro de lana que siempre llevaba hiciera frío o calor, presagiaba malas noticias. Se acercó a él y acariciándose la barba, le preguntó:
- Dónde estuviste ayer en todo el día?.
Sin levantar la vista respondió que había estado en el mar toda la mañana, después estuvo durmiendo y que acababa de despertar.
- Es que me necesitaste para algo?. preguntó mientras colocaba el porro perfecto, recién hecho, alineado junto a los demás en la cajita de caoba.
Entonces el vecino alargó el brazo, cogió un higo que acababa de estamparse sobre la mesa para mostrarles la pulpa de un rojo intenso, se lo comió de un solo bocado sin dejar de mirarle a los ojos como cuando escrutaba el mar en busca de esos malvados tirubones que se acercaban a la orilla de vez en cuando y de los que había que tener cuidado si salías a pescar, y se sentó a su lado para contarle en voz baja de lo que había sido testigo desde su balcón el día anterior.
- Sobre las tres de la tarde, la policía llamó a tu puerta, parecía que algo gordo pasara porque llegaban más coches de policía del que salían más agentes para sumarse al grupo que tan pronto se agolpaba en los escalones de la entrada, como se dispersaba y echaban a correr en todas direcciones y volvían a apostarse en tu puerta. Era todo muy extraño.
Esperaron durante horas a que la puerta se abriese o alguien apareciese; hasta que anocheció y finalmente se montaron en sus coches y se fueron. Estábamos todos muy preocupados, nos temíamos lo peor.
- Y qué querían? preguntó mientras escogía de entre todos los porros dispuestos, el que más le gustaba y lo encendía.
- Eran tantos policías que ni yo ni nadie se atrevió a preguntar para qué te buscaban!, ya sabes como se las gastan por aquí, pero me muero de la curiosidad.
Encogiéndose de hombros, trás el denso y espeso humo del hachís, sonreía.
Con el respeto que merece un comino
Haz una candela con la esperanza
Que te dé claridad y descansa junto a tu sombra yTu perro que es tu alma gemela
Porque no hay nada que arreglar
Por la mañana agradece el agua fresca, el cielo rosa
En el cruce del camino vuélvete a encontrar
Medita bajo el árbol que sembraste
Ni delante ni detrás del ahora
Con un mudra manda al carajo a Dios
Y a todo aquel que no te desee lo mejor
Abandona el sufrimiento del sufrimiento del sufrimiento del sufrimiento
De todas las vidas que arrastras
La luna boca arriba se deja hacer
Venus le besa el ombligo para sellar un pacto
Le dice que es la cosa más bonita que hay
Sobre la tierra
más que las constelaciones
las estrellas fugaces
los anillos de saturno
y el sol.
.
.
Detrás de tanto silencio,
Hay palabras agolpadas al final de
la garganta, pugnando por ser las primeras en salir
Por favor tened paciencia conmigo
El proceso ha sido duro
He tenido que armarme desde el principio
Rehidratar cada una de mis células
Purificar la sangre estancada de mi corazón
Hacerla circular por el entramado de mis venas
Nutrirme desde la médula para fortalecer todos mis huesos
Conectar de nuevo cada uno de mis músculos
Colocar una a una las capas de mi piel
Ya no soy la misma
En esta otra yo
Tú ya no cabes.
En realidad nunca lo hiciste
No tienes nada de lo que preocuparte
Teníamos que aprender
Yo a amarme y tú a amar
Yo a dejar de dar a cambio de nada
Y tú a dejar de recibir sin dar nada a cambio
No volveré a tener pesadillas contigo
Tú soñarás alguna vez conmigo
Y quizás más adelante cuando ya no necesites
La máscara que te pones para todos
La máscara que te pones contra tí
La máscara que no te ha servido para mí
Entiendas que en el juego de la vidaHay que respetar las reglas del amor.
Que asco de palabra
El asco que me doy
El asco que me das
Qué es el asco?
Una emoción?
Cómo el amor?
Cómo la pena?
Cómo el odio?
Cómo la alegría?
Qué carajo es el asco?
Me das asco
Me doy asco
El asco
Con el asco
La garganta se me cierra
Y me libera
Te veo
Y siento un asco que
No veas..
Quería una casa junto al mar y su embarcadero, la barca, la caña de pescar
Un lugar favorito, una cueva, un huerto de coral
Un burro rebuznando por alegrias
Caminar cogidos de la mano
Tras soles y lunas
Ni una lágrima más, ni una lágrima menos
La sal justaY todo lo demás.
Aquí y ahora quiero
Ni antes ni después
Para nunca y siempre
La verdad por delante
Apretando el paso
Que te vayas a la mierda
Y todo lo demás.
Cayó de su nido en la cornisa de un edificio de más de diez pisos y
Sobrevivió.
Todavía con el gorro de cáscara de huevo me dió los
buenos días a las seis de la mañana, anunciando la suerte, el
renacimiento, la vida.
Muy buenos días, muy pocos días con ella, mi Kalimera.
Convencida de que cruzaría el estrecho y volvería a mí,
La llevé conmigo en la riñonera a todas partes,
La he alimentado todo el tiempo,
La he acariciado demasiado,
La he matado de amor.
Comes bien?
Bailas, cantas, follas?
Cuidas?
Desperdicias tu vida
Qué haces?
Tengo curiosidad
Paseo por Singapur
En otra frecuencia
donde no hay nadie
Nadie sabe quien soy.
Que me despiertes a besos
Me hagas el amor engarzándome como a una joya por las mañanas
Que al buscarme, me encuentres en el jardín ensartando las palabras
Que nos dijimos antes de dormir para que no haya resquicio
De que soy para tí, lo que eres para mí y si no, nada en el agua
Las piedras en el lecho se quedan a oscuras y no osan desprenderse
Las lanzo a las olas, se mezclan, se separan y exclaman a voz de inmenso azul
Que no hay un lugar al que llegar, sin flores, ni estrellas
Para que nunca vayas, para que nunca vuelvas
Porque con todo tu amor () he levantado en
Mi
Orilla
Un muro de piedras.
Hace poco en una noche lluviosa, tuve una cita con alguien que duró el resumen
de su matrimonio, su experiencia como padre de sus dos hijos lustrosos y lo que
tardo en beberme un botellín de cerveza de veinte centilitros.
Perdí el conocimiento y me di una buena hostia en la cabeza contra el suelo
adoquinado.
charco, pero ese alguien me despertó y me levantó del suelo mojado.
Un cuerno en mi sien derecha conservo como recuerdo.
Creí que era evidente mi reticencia pero volvió a llamar.
Le dije que tenía que resguardarme de la lluvia intermitente.
Lo entendió perfectamente.
Cruzarás el puente del molino
Mirarás al agua y reflejada
Me verás descalza
Volverás
Llegarás tranquilo, como si nada
- A dónde fuiste?
- Disculpa por la tardanza.
Mis pies vuelven sobre si mismos a la orillita del rio
En la Aceña
Dos gitanos tocan la guitarra
Dicen que a ese...
Hay que ir en busca de él!
Y cantando se van a encontrarlo.
El agua murmura
El viento murmura
Murmuran las hojas
No se puede uno fiar de nadie
Por qué habría que hacerlo?
Cada uno consigo mismo
Hay ballenas de millones de años
Tras la pared de albero.
Algo no funciona bien
Las rodillas, el corazón
El reloj que no tengo
Demasiados números saltando y bailando
Alrededor
Riendo con Doña Realidad
Porque no se me dan bien los números.
Un avión cruza el cielo
Con rumbo equivocado
Despegando del agua
alzan el vuelo
Los patos
Si cruzas la aceña de día
Negros, tristes y cansados
Salen del río
Si la cruzas por la noche
Bañados en luna blanca
en el medio del camino
Volando vuelven al agua.
Con las piernas estiradas en un banco
Escribo sobre mis rodillas
Sin zapatos en los pies.
En la quinta abandonada de las monjas
Un atento gato negro maulla y me mira
Mientras te veo.
En el atardecer descomunal de la ermita
Zambullida en el viento, la espalda en el palco
Mis pies apuntan a las bandadas de cotorras que planean
Por encima de las palmeras de San Francisco
Listos para disparar.
En mitad de la noche
Borro fotografías
Tu voz enredada en mi pelo
Tiñe con khöl
Palabras bajo mi piel.
Tu pelo se ha enredado en mi voz
Ciemmilpiés escapan en todas las direcciones
De luna plena
Inundada de vía láctea condensada
Desagua amor, vida, muerte
Se boza en el mar.
Atrapada en un conducto
Sube lenta, informe
Pesada, torpe baja
Avanza, explota, flota
De aire, agua o sangre
Apenas llena
No sabe a ciencia cierta
Se expande, se derrama
Incómoda, sensata se rebela.
De molécula, átomo a neutrino
En todas y en ninguna parte
De mi misma.
Atesoro todo lo que me has enseñado y el tiempo que viví
contigo.
Nadie me ha querido nunca como me has querido tú.
Tu amor de padre era real y auténtico, tan real y auténtico como
el que deben sentir los padres por los hijos a los que crian, educan y aman
durante toda su vida.
Sentía por tí el mismo amor que debían sentir las hijas por sus padres,jamás he querido tanto a nadie como te he querido a tí.
Con 10 u 11 años le pregunté a mi madre de sopetón y muy en serio si eras
realmente mi padre, porque no podía explicarme el que no estuvieras a mi lado.
Me contestó: - Niña, deja ya de decir tonterias.
Quizás pensó que era lo mejor, acostumbrada a mentir y a
desconfiar, demasiados juicios y prejuicios de otra época, que a mí ni me
incumbían, ni me importaban en absoluto. Todavía no conocía realmente a mi
madre y la creí. Pasó de mí, y de lo que tanto me angustiaba en ese momento,
como siempre ha hecho. Tampoco me conocía ella a mí.
Mentirme era lo mejor para ella, porque así podía echarte la culpa de todo.
A partir de ahí estuve enfadada contigo, si venias, si te ibas, no te
soportaba. Nunca volví a demostrarte lo que te quería, y cada vez me
alejaba más de tí.
Hacía muchos años que no nos tratábamos, ya no te dejaba ejercer de padre.
Existía un abismo silencioso e insalvable entre nosotros.
Estuve mucho tiempo enfadada contigo y con la vida, antes de que te alejaras para
siempre.
Hacía 5 años que no te veía, tus padres, mis abuelos, habian muerto, y
por mi madre supe que habías vendido tu ático en Valencia y te habías comprado
un barco. A saber en qué lugar del mundo estarías.
Yo había estado muy ocupada, luchando con todas mis fuerzas para salir del
agujero. Me encontraba conmigo misma. Tenía 29 años.
Empecé a echarte de menos, a preocuparme.
Quería saber si estabas bien.
Quería que conocieras a la persona en la que me había convertido.
Quería que te sintieras orgulloso de mí.
Que aparecieras como siempre hacías, Le pregunté a mis hermanos si mamá sabría algo de tí.
Y mi hermano que tampoco tuvo padre, ni te quiso, (mi madre se encargó muy
bien de ello), me contó la verdad:
- ¿Qué más te da dónde esté, ni lo que le pase, si ni es tu padre ni es ná?.
En ese preciso instante ví con claridad quien eras.
En ese preciso instante ví quien era mi madre.
Lo bueno, siguió siendo bueno y lo malo, trascendió, porque comprendí todo lo
que había pasado.
Empecé a buscarte de verdad.
de protección de datos, porque tenías derecho a no ser encontrado, que quizás no
querías volverme a ver.
¿Por qué no me podía decir la policía dónde estabas? eras mi padre, aunque no lo
fueras, me habías reconocido como hija tuya.
¿Qué mierdas sabía ella?, ¿qué mierdas sabía nadie?.
Yo sabía, pero ella me hablaba con la seguridad y el peso de la autoridad y de la
ley. Con la certeza de que yo era una pobre joven pobre, sin padre, que solo
buscaba causarle problemas a un pobre hombre pobre que lo único que quería
era que lo dejaran vivir en paz, sin hijos alrededor reclamándole todo.
Jamás te había pedido nada, y sólo quería verte, pero salí por la puerta de la
comisaría muerta de vergǘenza, dejando atrás a esa mujer de rostro
irreconocible pero odioso que nunca supo lo que la odié, ni sabrá nunca que la
sigo odiando, y seguí adelante con la vida que me estaba tocando vivir y me
pasaba por encima, confiando en que algún día me devolvería lo que me debía.
Nuestro reencuentro era por justicia, me correspondía por derecho, con total
libertad de decisión, con conocimiento de causa y ausencia de reproches,
sin necesidad de compartir la misma sangre.
Nos recuperariámos el uno al otro. Y al final saldriámos ganando.
Era lo que más deseaba en el mundo y estaba segura de que se me concedería.
Saldríamos juntos a navegar para reconocernos.
Tú, el capitán, mi padre, por siempre.
Yo, el timonel, tu hija, de una vez por todas.
Y el día en que la policía llamó a la puerta para informar de que habías muerto de
un ataque al corazón fulminante a los sesenta y tres años, me dijeron donde
encontrarte por fin.
Fui a arreglar las cosas para enterrarte, me negué a verte para no tener que
recodarte sin vida, en la camilla del frigorífico del depósito de cadáveres.
Incrédula, me aseguraron que eras tú.
Todavía hoy puedo recordarte mirándome con esos ojos tristes y preocupados,
pero vivos.
Tu minúsculo velero estaba atracado en un puerto no muy lejos de aquí,atascado entre mastodónticos yates de lujo.
En el interior del Errante, en tu hogar, me puse tu camisa y tus calcetines, me
bebí tu vino, me comí tu comida, me fumé el tabaco de tu pipa, rebusqué entre tus
cosas, leí todos los papeles que encontré y los ordené cronologicamente,
incidentes, informes médicos, visitas al hospital, tratamientos, recetas, recibos
y facturas de todo lo que comprabas, cartas y postales que recibías de amigos, el
proyecto que estabas iniciando, los planes que tenías para el futuro.
Pude hacerme una idea sesgada y limitada pero clara de lo que era tu vida y de lo
que querías que fuese.
Yo no tenía ni idea de quien eras tú, tú no podías saber quien era yo.Y aún así era increíble lo mucho que nos pareciámos.
Esa noche te dije todo lo que te tenía que decir, lo enfadada que estaba contigo,
lo mucho que te necesité, lo mucho que sabía me necesitabas.
Lloré dentro de tu saco de dormir, mecida por la voz fría, oscura y cruel del
mar chocando contra el casco, que no dejaba de repetirme que habías muerto
solo, herido y creyendo que no te quería, hasta que me dormí tapada con tu
olor.
Al resguardo, intactos, guardo tus recuerdos y una camisa, un par de calcetines,tu pipa, tu navaja, un sombrero de paja, una funda con cds, tu cartera de piel con
tu carnet de identidad y el de patrón de barco.
Renuncié pura y simplemente al barco y a la herencia de tu testamento,
porque solo contigo, sabiendo quien eras tú,
y tú sabiendo quien era yo, me hubiera conformado.
No fui suficientemente lista, ni rápida,
tenía que haber sido más insistente, menos ingenua.
Antes de abandonar el Errante y poner los pies en la tierra, encima del escritorio del
puesto de mando, escrita a mano con tu bonita y familiar letra en un trozo de
papel cuadriculado, vi una pequeña lista que decía:
- Madera
- Pan
- Café
- Atún
- Discos
- Limpiar casco
- Verificar vela
- Cambio de aceite
- Tiempo ...
Reconocerás los rostros
Desconocidos
Que te cruzas
Andando con prisas
Por la calle.
En los mismos lugares
Indefinidos y confusos
A donde te llevan
Por casualidad
Los sueños.
Poemas secuenciales
A cámara lenta
Rescatados, restaurados, inconclusos
Proyecciones mentales
Contrastadas que no encajan
En ninguna parte.
Rastros de mentiras que no recuerdas
Adheridos, impresos, vacíos
Pintados de blanco, a brocha gorda
En el desmoronado muro.
Mantenga una distancia prudencial
Por delante y por detrás
Con la verdades
Antes de salir
Sin orden
Con calma
En la hora buena.
Encontrarás la voluntad
Recuperarás el equilibrio
Te toparás con la alegría
Como otras veces
A la vuelta de la esquina.
Vagas en mi cabeza desde por la mañana,
Y te voy a escribir un poema,
Porque parece,
Que ya no supiera,
Que ya no pudiera.
El viento planea por el río salpicado de molinos,
Adónde le lleva el agua,
Junto a piñas caídas, cortezas de encina,
Varetas de almendro, troncos de olivo,
Y la negra garza.
El agua del río no es verde, ni azul,
Envenena a los peces, y al Martín pescador,
Donde habitó la nutria que murió en la orilla.
(Tuvieron que hacerle la autopsia al cadáver).
A ese mundo al que tú me llevas,
No quiero volver,
No sé ya, ni me importa,
Quién cerró la puerta a quién.
Y ahora;
Con una piña caída, una corteza de encina,
Una vareta de almendro, un tronco de olivo,
Y este papel escrito, arrugado y sucio,
Voy a encender la estufa.